En algunas ocasiones, cuando cierro los ojos, me parece ver su silueta. Y a veces también me parece escuchar su voz. Apenas me di cuenta anoche de que común se había vuelto esta tortura desde el viernes. Y pensando en eso, me di cuenta horrorizada que ya no puedo recordar la voz de mi abuelo. Y a duras penas el de mi tío Eduardo. Y de pronto, de golpe, hice mucho esfuerzo por recordar todo lo que mi chafísima mente pudo sobre mis seres queridos que ya se incorporaron a los ciclos bioquímicos. Fuck.
Fuck, fuck, fuck.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada