de S.L.A.
-¿Cu..cuánto tiempo nos queda?
El Astrólogo Real no pudo reprimir las lágrimas por más tiempo y con mirada triste respondió al rey dejándonos a todos al borde del pánico.
-No más de…tres días.
Pude notar un gesto de aflicción reprimido en el rostro del monarca. La mitad del Consejo estaba ahí para informar, confirmar la fatídica noticia y la otra estaba para escucharla y desesperarse.
-¿No hay…nada que podamos hacer? ¿Es que ningún dios nos ha escuchado?
El Sacerdote Supremo meció la cabeza en gesto de negación.
-No su majestad, ni siquiera nuestro dios principal, el Sol Tirane nos ha atendido…temo que… que este sea un castigo divino, aunque el Astrónomo Damiane diga que es natural, la causa auténtica son nuestros mortales errores…
Damiane le miró con desprecio y luego alegó al rey su postura de ciencia.
-¡Basta! –El soberano estaba, como todos nosotros, demasiado afectado como para escuchar explicaciones de lo inevitable- ¡No me interesa la razón de esta catástrofe, sólo quiero saber si tenemos algún arma, magia… alguna esperanza!
La fracción del Consejo que informaba se vio entre ellos desesperadamente.
-Yo…no hay tal, su majestad, la roca espacial caerá en dos días y medio.
La muerte es algo… para lo que nos acostumbran toda la vida, porque es inminente, no hay manera de escapar. Entonces, ¿por qué si llega el momento, y hasta nos informan los detalles y casi la hora…por qué caemos en la desesperación y cada segundo futuro es más precioso que todos los años anteriores que hemos vivido?
Admiro a su Magnificencia por la postura tan fuerte que ha tomado por todos nosotros. ¿O será que su edad lo ha hecho estar aún más preparado?, es decir, no faltaba mucho para que el príncipe tomara el poder…Bueno, aún así, creo a tomado la decisión correcta de seguir naturales, trabajando como siempre, sólo quizás con un poco más de prisa.
El pueblo lo sabrá mañana…mientras yo… me detengo un instante y lloro al ver el paisaje de mi tierra, la belleza de mi mundo tan exótico y tan poco tiempo que le otorgué.
Pero debo continuar…qué triste que después de todo lo que luché por este puesto y todas las penalidades que tuve que pasar, me queden escasas horas para disfrutar de mi influencia y poder de ahora. Y es que yo soy niña Delan, niña prodigio, y he logrado ser nombrada Segunda Mayordomo Real, sacando a mi familia adelante y poniendo, según yo, mi marca en el imperio de mi existencia.
La verdad es que mi genio es de los menores, en mi escasa vida vi tantos Delan tan inteligentes y tan bellos, porque la belleza física cuenta en esta casta social y yo apenas soy bonita y de inteligencia poco mayor que la media. Será entonces que mi ambición era mayor porque todos esos niños eran de raíz noble y futuro asegurado. Yo en cambio sufrí la vida del pobre y común y resalté gracias a mi frustrado padre para que hoy sea yo la encargada de erigir la última gran construcción del reinado de Ametur II.
Y tristemente esa y todo lo jamás construido por el hombre, toda huella jamás dejada por la vida en este mundo, perecerá en escasos dos días y medio.
-¿Cómo van las construcciones, Saena?
-Parece que bien, su Majestad.
-¿Ves en esta sala tu sueño hecho realidad?
-Aún mejor mi Rey, es más grande lo que construyo que lo que vi en mis sueños.
Su alteza me sonrió satisfecho, aunque con el deje de desolación que todos los que sabemos el final próximo estamos forzados a cargar.
Yo creo que los sueños son ventanas a nuestro pequeño mundo interior. Es por eso que me gusta basar mis obras en las miradas nocturnas a mi misma, confío en mi propia grandiosidad interna. Es probable que esa confianza sea lo que me llevó tan lejos a mi corta edad.
Pero ahora eso ya no importa… la noche se extiende por sobre nosotros y yo sólo siento como la vida se trata de aferrar a mi cuerpo, temerosa del destino que nos depara. Me apresuro y llego a donde mi padre; dejé, para sorpresa y desagrado de todos mis obreros, a mi asistente para que continué durante la noche, en la mañana estará terminada.
Cuando al fin arribo a mi casa me lanzo a los brazos de mi padre y comienzo a sollozar, desbordando la amarga noticia junto a mis lágrimas. Mi padre, fuerte y grande, me mira congelado y siento como el calor se va de sus manos.
-¿Saben… saben cómo será? –me pregunta expectante.
-Sí…después de que entre a la atmósfera, la temperatura del planeta aumentara descontroladamente durante unos minutos y…
-Moriremos calcinados…
Esa noche mi padre y yo empacamos todas nuestras valiosas pertenencias. La roca caería al sur de la ciudad y, aunque no tuviese caso, viajaríamos al norte después de inaugurada la gran Sala del Rey.
Todo el pueblo presencio y disfruto la fiesta que el rey ofreció en honor a la nueva Sala… y sí que fue grande pues no se moderó al utilizar el arca real para pagar los banquetes y espectáculos.
Yo seguía viendo rostros felices y tranquilos entre la gente pero, como el Primer Mayordomo me advirtió, el rumor se había extendido y aquí y allá pude observar expresiones preocupadas y cejas fruncidas. Poco después la noticia se infundió oficialmente y mi padre y yo, junto con muchos conocidos y gran parte de la ciudad, escapamos por los suburbios del norte, donde había viejos caminos de terrazería y muchos acantilados de aspecto árido.
Nunca supe que le sucedió a su majestad y a los ancianos del Consejo, porque todo fue tan rápido, el pánico se infundió tan de prisa, que el caos sólo dio lugar a escapar en caballo y con una pequeña maleta. El dinero careció de pronto de importancia y nuestras vidas se vieron tremendamente frustradas.
Pronto pasó el segundo día y mi última noche se sintió terriblemente fría, con cielo limpio y tremendas estrellas. Las lágrimas se desbordaban tan incontrolablemente que me vi sin resistirme en el caballo de mi padre, huyendo con todo mi pueblo del punto de colisión, sin saber exactamente cómo habíamos llegado hasta ahí.
Cada que veía pequeños niños asustados en su inconciencia de lo que sucedía o amantes abrazándose por última vez, sentí como mi pecho se rompía y rogaba por más tiempo, dos días más, una hora más de la dictada.
Salió el sol y otro punto de luz mayor que cualquier estrella anunció nuestro fin próximo. Todos sabía como sería nuestra muerte y me sorprendí tomando por optativa el suicidio… una muerte rápida a mi mano fue mucho más atractiva que los eternos minutos para hervir vivos que Tirane nos ofrecía. Y noté de repente que no era la única, presencié horrorizada como muchos de los que fuesen mis vecinos se acuchillaban o se dejaban caer en los bordes de montañas.
Me negué a ello, a dejarme caer… pero casi podía ver como mi carne ardía y me sacudí en espasmos de pánico al imaginar ver a mi padre morir frente a mí. No, nunca podría… ese es... mi verdadero temor, lo que no me ha dejado dormir muchas veces…yo… jamás podré ver a mi padre morir…
-Papá –le di las pocas monedas que quedaban en mi bolsillo- no tengo el valor, papá. Consígueme algo, por favor, una pastilla, lo que sea que me mate rápido y sin dolor padre, que nos mate a los dos, muramos juntos.
Su mirada cristalina me traspasó y mientras se alejaba a otros vecinos en busca de una solución rápida, observé un acantilado junto al camino.
-Oremak, dime… si me tiro de ahí… moriré ¿verdad? –mi viejo amigo de la infancia asintió con lágrimas secas en su sucio rostro. –Entonces…
Mi padre llegó con algo de agua limpia del arroyo y sin mi tan esperada muerte con químicos. No le di importancia y le señalé el borde del precipicio.
-Mira padre… tú me dijiste una vez que te gustaría mucho volar ¿no es cierto? He ahí la solución papá…
-¿Y si nuestro mundo no pereciera como dijo Damiane y si hubiese la posibilidad de sobrevivir, hija, no estaríamos muriendo en balde como todos nuestros vecinos?
Lo miré desconsolada. Yo sabía a que se refería pero… no podía siquiera en pensar atravesar esos cinco fatídicos minutos de muerte infernal.
Entonces mi padre me señaló una cueva en la pared de una escarpada montaña.
-Refugiémonos ahí… si no somos capaces de soportar esos minutos, el caer de ahí nos matará igual y más rápido… ¿no te parece, Saenita?
Acepté llorosa la opción de mi padre y nuestros amigos más cercanos (o vivos) nos siguieron a la húmeda gruta. Nos asentamos… y esperamos. Muchos se durmieron, cansados del viaje y del desasosiego que apretujaba sus corazones; muchos otros salían de vez en cuando a ver cuan grande se volvía la bola de fuego. Y ahora…en vez de desear más tiempo de vida, maldije la espera y quise que todo terminase ya, pronto, no más llanto, no más miedo, ¡¿Cuándo piensa caer?! ¿Porque no lo hace y ya? ¡Porque no termina con esto! ¡¿Qué ganas, Tirane, con torturarnos?!
De pronto… se hizo un silencio absoluto y la tierra comenzó a temblar. Todo el sonido reprimido estalló y mis oídos se consumieron mientras mi papá me abrazaba con fuerza. La temperatura comenzó a aumentar terriblemente y mientras sentía que me resbalaba por el sudor del regazo de mi padre, este me miró sonriendo y susurró:
-Tenías razón. Volemos entonces.
Yo no pude decir palabra y sentí como mi padre corría hacia la entrada conmigo en brazos.
-Más tiempo…
Y saltamos hacia el vacío mientras veía como el suelo de la lejanía hervía en lava roja y me dio la impresión de que el núcleo del planeta intentaba escapar de su corteza. Miré a mi papá y la sensación de miedo dio paso al alivio abrazante del vuelo.
2 comentarios:
O_O... XD!!
tu la inventaste o lo sacaste de alguna parte????????
esta muy buena la historia o lo q sea :) bueno q estes bn
eres de chile??
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